🐶Nolo — El rebelde feliz de Santa Rosa
Nolo llegó a mi vida en 2020 y su historia todavía me aprieta el corazón.
Vivía en la Sierra de Santa Rosa, amarrado a un árbol con una cadena demasiado corta.
La primera vez que lo vi me impactó.
Pero cuando volví semanas después… seguía ahí. Sin agua, Sin comida, Sin moverse apenas del mismo sitio.
Pasó otro tiempo y el panorama seguía igual.Ya se acercaba diciembre y el frío de Santa Rosa empezaba a sentirse fuerte. No pude más.Le tomé fotografías y las subí a Facebook buscando ayuda. Una rescatista de Guanajuato, Naye, se sumó al rescate y juntas logramos sacarlo de ahí.
Al principio no fue fácil. Nolo estaba profundamente traumatizado.
Aprender a confiar, convivir y sentirse seguro tomó tiempo y mucha paciencia, pero valió cada minuto.
Hoy Nolo es probablemente el perro más feliz y rebelde del mundo. Ha conocido la montaña, la playa, la ciudad y la libertad. Corre, explora y vive con esa mezcla perfecta de nobleza y espíritu independiente que lo hace tan especial.
Cada vez que lo veo dormir tranquilo recuerdo algo muy simple: A veces un animal no necesita una vida perfecta, sólo necesita que alguien decida no mirar hacia otro lado.
Rasty — La sobreviviente de la Panorámica
Rasty fue uno de mis rescates pioneros en Guanajuato.
Llevábamos apenas unos meses viviendo en la ciudad cuando empecé a verla junto a Tula vagando por la carretera Panorámica, sobrevivían como podían y muchas veces se detenían precisamente en el mismo contenedor donde años después aparecerían Changui y Lala.
Un día, una vecina les echó pollo afuera de los departamentos donde vivíamos y ahí ocurrió algo que cambió todo. Pedro me dijo:—¿Las metemos?, Y yo casi no lo podía creer.—¿Síiii? ¿De verdad?—Sí, ¿qué tiene? Así llegaron Tula y Rasty a casa en 2015. Pero Rasty decidió ponernos a prueba. Esa primera noche escapó. Pasó una semana entera sin verla y pensé que quizá no volvería. Hasta que un día apareció nuevamente por la cochera de los departamentos.
Pedro reaccionó rápido y la metió. Y esta vez sí… ya se quedó con nosotros y aun sigue 14 años después.
Changui y Lala — Las hermanitas del contenedor
Changui y Lala llegaron a nuestras vidas una noche del 15 de septiembre en Guanajuato. Pasábamos por la zona de Temescuitate y Panorámica, alrededor de las 9 de la noche, cuando un coche venía avanzando y de repente vi un pequeño cuerpecito junto al contenedor. Por un instante pensé que quizá era una rata, pero algo no me cuadró. Corrimos hacia ahí. Y entonces las vimos. Dos perritas pequeñas abandonadas dentro de un huacal de madera, acompañadas apenas por unas tortillas viejas. Aquel contenedor está lleno de ratas y todavía me estremezco pensando qué habría pasado si esa noche no hubiéramos pasado por ahí.
Cuando nos acercamos, Lala se dejó tomar de inmediato y me la llevé en los brazos. Changui, en cambio, estaba aterrada. Salió corriendo y se escondió debajo del contenedor, que estaba muy sucio y lleno de basura. Pedro no lo dudó. Sin importarle ensuciarse ni meterse entre toda aquella suciedad, se agachó y se metió para sacarla. Y así, esa misma noche, las dos pequeñas llegaron a casa.
A la mañana siguiente, muy temprano, Pedro volvió al lugar para asegurarse de que no hubiera quedado algún cachorrito más abandonado. Por suerte, no había ninguno.
Hoy Lala y Changui llevan ya dos años con nosotros. Son inseparables. Cada día más obedientes —aunque todavía un poquito ladradoras —, juegan muchísimo entre ellas y duermen abrazadas. Y cada vez que las vemos dormir juntas recordamos aquella noche y pensamos lo mismo: A veces la vida cambia por completo gracias a unos segundos de atención… y a decidir no pasar de largo.